INFERTILIDAD Y OTRAS OPCIONES

Donde estarán nuestros hijos…  por qué no han llegado?

 

Con frecuencia las personas utilizan las palabras infertilidad, impotencia y esterilidad entre otras, para referirse a la imposibilidad de tener descendencia.

 

Resulta útil precisar que al hablar de infertilidad se está hablando exactamente de la “imposibilidad de concebir un niño naturalmente o de llevar un embarazo a término después de un año de vida sexual activa”.

Es importante reconocer que respecto al tema existen muchas y variadas razones por las cuales una pareja no puede concebir de manera natural pero con posibilidades de hacerlo con tratamiento médico y ayuda psicológica.

 

El Consejo Internacional de Difusión de Información sobre Infertilidad considera que una pareja es infértil cuando:

  • “No han concebido después de más de 12 meses de mantener relaciones sexuales sin protección, o después de 6 meses si la mujer tiene más de 35 años de edad. O cuando,
  • “No puede llevarse el embarazo a término”.

Generalmente cuando una persona o una pareja han decidido tener hijos y no lo consigue empieza a preguntarse ¿Qué está pasando, no estamos planificando por qué no quedamos embarazados?

 

Las parejas intentan por su cuenta el embarazo pero sin conseguirlo, llegan internamente a preguntarse temerosamente de manera individual si se trata de algún problema en “él” o en “ella”.

 

En nuestra sociedad es más fácil que las mujeres tengan la iniciativa de “investigar” con su médico de qué se trata. Y solo si se descartan dificultades en sí misma, le pedirá a su pareja por sugerencia médica que él deberá hacerlo. Para el hombre por distintas razones resulta más difícil tomar esa iniciativa, algunos hombres se niegan a hacer los estudios que le corresponden por factores sociales asociados al machismo o por el temor de sentirse cuestionado en su masculinidad.

 

Sin embargo lo ideal es que cuando el objetivo de la pareja sea convertirse en padres, participen juntos del acompañamiento que se requiere de parte de su pareja “librándose de  prejuicios innecesarios”.

Cuando “no podemos concebir” pueden surgir algunos aspectos que vienen a afectar la  relación de pareja.

 

Al  “sospechar que algo no anda bien” la pareja siente ansiedad, culpa, stress y sufrimiento emocional en diferentes grados.

A veces en la relación surgen reproches, incriminaciones o sufrimiento si en el pasado han existido pérdidas de bebés sea por un aborto provocado o por pérdidas involuntarias de un bebé que no fue viable.

 

En las parejas que han buscado quedar en embarazo y que desean ingresar a programas de tratamientos para lograr embarazarse tendrán indudablemente que someterse a una serie de cambios en sus hábitos de vida.

 

Deberán reconocer y aprender a manejar en su psicología individual las presiones y los estados de ánimo provocados por pensamientos negativos. Algunas personas pueden pensar por ejemplo que si no logran concebir tendrán una vejez triste o solitaria; o  sin nadie que les acompañe o cuide; pueden pensar o llegar a sentirse de alguna manera “aislados” de los amigos que tienen hijos.

 

Otros, pueden llegar a tener una especie de “crisis existencial” pensando en cómo su vida puede tener sentido sin tener a quien transmitir sus aprendizajes o formas de vivir, aunque estos pensamientos hacen parte de la etapa de “shock” y pueden ser re-significados y transitorios.

Para manejar probables conflictos en la pareja causados ya sea por la ansiedad, la culpa, la irritabilidad, el efecto de los medicamentos de un tratamiento específico, o el carrusel en estados de ánimo; es fundamental compartir los temores y estar conectados a nivel de comunicación de pareja.

 

En algunas parejas la tensión del manejo de los tiempos o cuando “no estamos de ánimo para aquello, pero “tenemos” que tener relaciones “hoy” se vuelve poco espontáneo, tensionante, mecánico, “obligado”, o cuando ronda el miedo a que “él” o “ella” sea “infiel” porque no puede renunciar a la idea de la maternidad o de la paternidad.

 

En otros casos las dificultades surgen a partir de los pensamientos negativos que hacen a alguno de los miembros de la pareja  sentirse “poco femenina”, en el caso de la mujer  o “poco hombre” en el caso de los varones, lo cual ocurre exclusivamente a nivel de sus propias creencias. Pueden también pensar que no poder tener hijos es un “castigo” de Dios por haber tenido algún comportamiento inadecuado.

 

Durante el tratamiento, la pareja experimentará cierta pérdida del control sobre su privacidad, por ejemplo debida a la constante solicitud de muestras de semen, fechas obligadas de tener relaciones sexuales, etc.

En estos casos, tanto los conflictos como el disfrute mismo de las relaciones sexuales y el comportamiento en la respuesta sexual pueden verse afectados. Se aconseja la adecuada intervención psicológica de un terapeuta de pareja calificado que haga un trabajo conjunto y coordinado con el médico tratante.

 

Por otra parte, existen estudios a partir de los cuales se ha encontrado una serie de casos en los que existen razones de origen psicológico que no permiten el embarazo en las parejas:

 

Temores inconscientes a perder la vida durante el embarazo o el parto;  temores inconscientes a tener un hijo con problemas; rechazos inconscientes por diferentes razones como por ejemplo sentir que se está muy joven para concebir, no estar casada o no tener pareja, o no estar preparada para la maternidad, o tener conflictos al interior de la pareja, entre otras.

 

Las parejas de nuestra atención encontrarán varias opciones a nivel médico: entre ellas la inseminación artificial o la fertilización in vitro. También encontrarán opciones como la donación de óvulos, la donación de esperma, de embriones, la adopción o en últimas, la decisión de no tener hijos y lamentablemente en otros casos la pareja no renuncia al proyecto de los hijos y considera separarse de su compañero o compañera sentimental.

 

En los casos de adopción pueden asaltar creencias relacionadas con la imposibilidad de vivir la experiencia del embarazo o creencias relacionadas con las fantasías de cómo será tener un hijo con la persona amada, a quien se va a parecer etc.

 

Tanto en casos de tratamiento como en casos de adopción las familias de cada uno de los miembros de la pareja pueden tener diferentes posiciones a favor o en contra de los procesos e incluso se presentan con alta frecuencia ese tipo de “comentarios inadecuados”, “metidas al rancho tales como: ¡y cuando es que van a tener hijos? O ¡ y no van a dejar a don Jaime sin nietos no? O y los herederos?, o una serie de comentarios que generan culpa como: “Es que ustedes no se cuidan”, “no se alimentan bien, o es que como usted bebía tanto”, etc cuando estamos hablando de una esfera privada y de una decisión exclusivamente de pareja.

 

El después del proceso…

 

Asaltarán otras dudas: “y ahora podremos ser buenos padres y madres?”

En todos los casos, la decisión de querer a un hijo implica una sobredosis de sacrificio, paciencia, tiempo, amor, comunicación, capacidad de amor y aceptación en la conformación de una familia… el comienzo puede tratarse de algún tipo de “prueba” para la pareja cuyos resultados no pueden calificarse como éxitos o como fracasos, sino como opciones y planes de vida individuales y/o de pareja.

 

Corresponde advertir que cada caso siempre es distinto por lo que es aconsejable siempre buscar la asesoría médica o terapéutica que corresponda, por eso no deje de consultar a un profesional de su confianza, y no permita por ningún motivo que jueguen con sus expectativas, sus sueños o su bolsillo con tratamientos no avalados por las instituciones de salud autorizadas, y lo más importante: No dejen de amarse.

 

Por: Katiuska Vera

Psicóloga

Individual, Pareja, Familia

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