MAS ALLÁ DEL DOLOR

MAS ALLA DEL DOLOR. 

 

Una mirada objetiva al sentimiento.

 

Siempre que miramos al pasado nos acoge la nostalgia, por las cosas buenas o los eventos negativos en los que nos vimos envueltos, seguramente acompañados por alguien que ya no está con nosotros.

 

Pero es ahí donde está el problema. Soy “yo” quien está evocando que alguien me hace falta y eso me muestra una forma de egoísmo, porque estoy exigiendo algo de alguien que ya no está para que me lo entregue. 

La pregunta es, por qué tiene que entregármelo?.  Por qué no puedo lograrlo por mí mismo?

 

Si hacemos este ejercicio quizás podamos entender que cada vez que le pedimos a alguien que nos llame, o le expresamos que no podemos vivir sin su presencia, o que es lo mejor que me ha pasado en la vida, o que ha sido lo peor, lo único que estamos haciendo es atarlos a nosotros para que hagan lo que nosotros queremos.

 

Cuando alguien “importante para nosotros” se ha ido, y ya no está acompañándonos, entonces decimos “nos hace mucha falta”… De nuevo es una posición “individualista”, porque tengo que seguir en mi vida cotidiana sin que nadie tenga que hacer algo por mi.

Sencillamente, tengo que seguir, pase lo que pase, venga lo que venga, con dinero o sin dinero. Qué me hace falta? Sus habilidades, sus consejos, sus palabras de apoyo, su voz? Qué es lo que en realidad nos duele?

 

Nos duele que no podamos manejar las cosas solos, y no es que quiera empoderarme para no necesitar de nadie, lo que sucede es que “no se puede jugar impunemente con la realidad” (lo dijo Savater), es necesario desarrollar mecanismos para defendernos de nuestros pensamientos y sentimientos que nos atraen a hacia una condición de debilidad o vulnerabilidad, como buscando algo o a alguien que quizás pudiera reemplazar el vacío y poder hacer frente a los acontecimientos.

 

No se trata de volvernos insensibles, por el contrario, de esta manera entenderemos que nuestra relación con el otro es más de dar, que de recibir; entre más damos, más libres nos sentimos de estar haciendo lo apropiado. Por el contrario entre más recibimos, más compromisos adquirimos con el otro y se confunde nuestro sentimiento y trata de materializarse llevándonos a una confusión de sentimientos de amor, interés, necesidad o la búsqueda de mi bienestar en otros.

 

Por eso cuando acariciamos nuestros padres, nuestros hijos, abrazamos a nuestros amigos, damos un beso a quien queremos, obviamente nos sentimos bien, de hecho lo primero que recibimos al nacer fue caricias y besos.

En la medida que crecemos esas caricias y sensaciones cambian y nos acostumbramos tanto a ello que nos genera dolor cuando nos lo quitan, por eso la nostalgia del pasado, lo que se va perdiendo en el tiempo.

 

En verdad, no debe haber razón para sentirnos tristes, por el contrario, reconocer todo lo que nos dieron esas personas que ya no están con nosotros, identificar lo que aprendimos de ellos por lo bueno y por lo malo, entender cual fue el sentido de los encuentros con los que se fueron y con objetividad encontrar que fue lo que ellos llevaron de nosotros…

 

Si en el intercambio de ese dar crecimos y nos fortalecimos, nos divertimos, sonreímos y jugamos y tuvimos instantes felices, entonces podemos decir que valió la pena el encuentro…

 

Cuantas veces hemos conocido personas por corto tiempo, pero dejaron en nuestro ser grandes pensamientos con los que le dimos forma a nuestro destino?

 

Por eso mirando hacia el futuro nuestro presente se vive mejor con las fortalezas ganadas del pasado.

 

Ahora, al recordar a nuestros amigos y familiares que se han ido “alegrémonos” por la oportunidad que nos regalaron de escuchar su sonrisa, su voz, sus chistes y de que hubieran aceptado nuestro cariño o nuestro amor o nuestro abrazo y nuestro beso.  Regalemos a ellos una sonrisa y el mejor recuerdo...

 

 

POR: Ps. Katiuska Vera Z

Psicóloga

Individual-Pareja-Familia

Contacto: (571) 4821227